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sábado, 24 de marzo de 2012

Ferrer Benimeli

José Antonio Ferrer Benimeli, sacerdote jesuita e historiador, es uno de los mayores conocedores, si no el mayor, de la historia de la masonería española. Es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. 

Actualmente dirige el Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española Desde 2002 es académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

Quizás se pregunten el porque alguien que no es masón aparece en este blog, simple y llanamente por su defensa ante los ataques que la Orden recibe. No podemos decir que la apoye pero si podemos decir que pone las cosas en su lugar y desmiente todo aquello que por interés se hace culpable a la Orden  

José Antonio Ferrer Benimeli, su apellido es de origen árabe, es profesor de Historia contemporánea universal y de España de la universidad de Zaragoza, especialista en masonería, tema sobre el que ha dado cientos de conferencias en España y en el extranjero; ha participado en congresos y escrito 30 libros, cientos de trabajos y artículos periodísticos. Todo comenzó con la preparación de su tesis doctoral sobre Relación de la Iglesia y la masonería en el siglo XVIII e historia de la masonería en España en el siglo XVIII.  Tratar estes temas le ha causado más de un disgusto , ya en 1972 hubo amenazas durante la defensa de la tesis doctoral que hemos comentado cuando los ultras trataron de reventar su lectura por todos los medios. También se produjo un incendio muy sospechoso en la facultad de Filosofía y Letras donde era profesor que destruyo muchos de sus escritos de quince años. La policía concluyo claramente que había sido provocado aunque no se detuvo a nadie por ello.

Como ya dije al comienzo de este escrito, Ferrer Benimeli es jesuita pero siempre ha delimitado perfectamente su labor como investigador e historiador de su condición de religioso, lo cual le ha convertido en un hombre imparcial en sus escritos históricos, que es justo lo que u historiador debe hacer: limitarse a ser mero espectador de la mismas y dejar las interpretaciones personales a un lado.

Ha pretendido desmitificar la masonería, colocarla en su sitio:
"No es ni tan mala ni tan buena como pretenden unos y otros. No ha tenido ni, por supuesto, tiene la importancia que se le ha pretendido dar. Han pretendido jugar con los misterios, y esto sólo engaña a los ignorantes; a los especialistas en sociedades secretas no nos sirven los misterios"

De su libro "La masonería"

"La masonería es un fenómeno histórico que está presente constantemente a lo largo de estos tres últimos siglos. Y, sin embargo, pocos temas, incluso hoy día, se manifiestan tan polémicos y controvertidos. Es curioso constatar que cuando aparece en una conversación, tertulia o conferencia, la reacción inmediata es una toma de posición en no pocos casos apasionada. Ya en 1923, en la revista masónica española Latomía, acusaban este defecto y afirmaban que si los ataques eran triviales, las apologías no pasaban de medianas. De ahí que ante la falta de una auténtica historia de la masonería, pedían que se prescindiera de afirmaciones dudosas y de hechos incomprobados una historia descargada de mitos y limpia de tesis aventuradas, y  sobre todo escrita con verdad.
 Lo cierto es que hasta hace poco, la masonería era algo que se desconocía en España, aunque se hablaba mucho de ella. El famoso «contubernio judeo-masónico-comunista» llegó a hacerse familiar, si bien muy pocos sabían de hecho lo que significaba o intentaba camuflar. La masonería se había convertido en un recurso fácil sobre el que echar la culpa de todo lo malo, tanto en el terreno político, como en el religioso, social, e incluso histórico.
Hoy día —y en especial desde la creación del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, con sede en la Universidad de Zaragoza— ya empiezan a ser numerosas las publicaciones que se ocupan con criterio histórico y objetivo de esta asociación más discreta que secreta, a pesar de que la Real Academia de la Lengua la haya definido en 1979 como una «asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias», definición que vino a sustituir la que —quizá excesivamente simplista — se recogía en el Diccionario de la misma Real Academia, donde la masonería se definía como una «asociación Secreta en que se usan varios símbolos tomados de la albañilería, como escuadras, niveles, etc.».
Pero. ¿es en realidad secreta?. ¿su fraternidad es exclusiva?. ¿cuál es la ideología o el credo masónico? Y, sobre todo, ¿cuál su verdadero impacto en nuestra historia?, ¿hasta dónde llega el mito, y dónde empieza la realidad? Se habla poco de la masonería medieval operativa, constructora de catedrales. y se ha novelado demasiado sobre la nueva masonería especulativa o filosófica nacida en 1717. Se insiste mucho en el anticlericalismo masónico y a veces se olvida el antimasonismo clerical. Se repite hasta la saciedad la vinculación masónica de los próceres de la independencia de la América española, en especial la de Bolívar, olvidando que en 1828 el mismo Bolívar prohibió la masonería en Bogotá. Se confunden logias patrióticas, o si se prefiere se identifican las sociedades patrióticas con las sociedades secretas y a éstas, sin más, con la masonería. Se ha equiparado la masonería con el comunismo, cuando, hasta la reciente perestroika, los únicos países donde estaba prohibida y perseguida la masonería eran precisamente los comunistas.
Nos movemos, pues, en un terreno polémico y resbaladizo, en muchos casos por hacer, donde los datos y las contradicciones son frecuentes tanto en los apologistas de la masonería como en sus detractores. La masonería, que cuenta hoy en todo el mundo con más de cinco millones de miembros, a la que han pertenecido y pertenecen grandes figuras del campo de la historia mundial, de la milicia, de la política, de la ciencia, etc., sigue siendo en gran medida algo desconocido y misterioso —cuando no tenebroso para el gran público. Frente a una asociación iniciática, filantrópica y cultural, conocida y respetada en no pocas naciones como Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia, Holanda, Alemania, Suecia, etc., donde son públicos sus miembros y sus obras, en otros países más típicamente latinos la sola palabra masonería ya es casi sinónimo de mal o insulto. Viene a ser una materialización de los poderes de las tinieblas, algo  demoníaco e infernal.

La masonería no es un partido político, ni un sindicato; tampoco es una religión, ni una secta, y ni siquiera es, en la actualidad, una sociedad secreta, aunque, naturalmente, tenga sus secretos como cualquier otra  institución. Por supuesto, tampoco tiene nada que ver con toda esa serie de leyendas con las que en algunos países, como el nuestro, se la ha rodeado.
Las páginas que siguen pretenden acercamos a esta parte de la historia, no por ignorada menos interesante y real.

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